Previa

Hace justo seis meses, mientras estaba paseando por la orilla del Ebro, entre Mequinenza y Fayón, se me abrían las ganas de intentar hacer toda o buena parte de la ruta que el ministerio marcó a lo largo del río. La dimensión impresiona un poco, pues el Ebro tiene unos 930 km y el sendero se acerca a los mil.

Otros planes me apartaron de la idea. Pero la crisis del coronavirus me impidió hacerlos y me retuvo, encerrado contra mi voluntad, durante casi dos meses. Según caminaba durante cientos de kilómetros sin salir del pasillo de mi casa, ida y vuelta cada pocos metros, me propuse resarcirme de ese largo encierro. Me vino de nuevo aquella vieja y loca idea, pero esta vez con el propósito de que fuera lo primero que hiciera en cuanto nos permitieran atravesar los límites provinciales.

Cuando preparaba el viaje descubrí que tres prestigiosos periodistas  habían hecho este mismo recorrido.

El primero, José Ramón Marcuello (El Día, El País, SER), publicó en 1987 una «Guía para viajar por el Ebro«, pensando en el viajero motorizado, cuando el ministerio no había siquiera pensado en trazar un sendero. Una vez demarcado el GR99, el catalán Arcadi Espada (El País, El Mundo), lo recorrió en 2001  desde el mar a la montaña, como me dispongo a hacer yo. El aragonés Pedro Cases (El País, Cinco Días…), lo hizo en 2005 siguiendo el curso de la corriente.  Poco después publicaron sendos libros («Ebro/Orbe» en 2007 y «El Ebro, viaje por el camino del agua» en 2008).

Inmediatamente decidí buscarlos y adquirirlos. No tardé poco más en decidir no leerlos, al menos hasta que haya hecho mi propio camino. Quizás haya coincidencias o contrastes, pero ni siquiera me he enterado si hicieron la ruta a pie o con otros medios, en primavera o en otoño, qué les llamó la atención, ni qué les sugirieron el río y el camino. Esperaré a saberlo. Prefiero hacer mi propia búsqueda, aun cuando corra el riesgo de cometer evitables errores.

Es esta una crónica trenzada. El hilo conductor son las jornadas del que espero sea un largo viaje remontando el río por sus riberas. Las otras hebras son discontinuas y están formadas por retazos de historia. La lejana se limita desgraciadamente a lo que los historiadores han escrito, por lo general batallas y pactos. Hay que esperar a épocas más recientes, a veces no mucho, para encontrarnos con escenas de la vida cotidiana del pasado.

El resultado es un tanto batiburrillesco. Pero, al igual que en el camino uno se encuentra cada día gentes muy diferentes, a veces un agricultor, otras un peregrino, un pescador, un turista o un pastor, también la historia nos ofrece encuentros diarios diversos y sin apenas coherencia. Pero seguro, que alguno encontrará relaciones lógicas o simbólicas en esos saltos de la historia. No servirá para manual educativo, pero al menos espero que sea más entretenido.

2 comentarios
  1. Pilar Dice:

    Pues, empezaremos el viaje acompañandote desde la distancia.
    Andoni me dice que en la Edad Media para los jardines del palacio de Olite trajeron naranjos desde Tortosa por el Ebro. Puedes traerte unas semillas para tí

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  2. Manuel Quirós Dice:

    Qué gesta tan vernácula, cual salmón remontar el curso del Río de los Iberos (Iberorum flumen) hasta las fuentes cántabras e irlo contándolo, como decía Gaby @vivir para contarlo, gracias Monty, una vez más por tus sesudos y sudados relatos, tanto en umbrías bibliotecas como en desolados senderos, nos vemos …..

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